ES TU DECISIÓN

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame“, (Marcos 8:34) 

Por un lado está la multitud. Burlándose, acosando, exigiendo. Por el otro está un campesino.

Los labios hinchados. Un ojo inflamado. Excelsa promesa.

Un lado promete aceptación, el otro una cruz.

Uno ofrece carnalidad y ostentación, el otro ofrece fe.

La multitud grita desafiante: “Síguenos e incorpórate”. 

Jesús promete: “Sígueme y permanecerás”.

Ellos prometen complacencia. Dios promete salvación.

Dios te mira y pregunta, ¿A cuál elegirás?

Dios le dio libre albedrío a las personas para decidir si eligen el reino de los cielos o el infierno. El Señor no quiere que nos perdamos en esta condenación eterna.

Todas las cosas están bajo las manos de Dios, pero, no significa que los seres humanos no puedan tomar sus propias decisiones.

El Espíritu Santo es un caballero, no obliga a nadie a nada. Él siempre esperará una respuesta de nosotros.

El Señor no contenderá por mucho tiempo con los hombres. Llega un momento en que Dios deja al hombre solo y no lo llama más.

Es en ese momento, cuando debemos saber que si Dios guarda silencio es para evaluar nuestra conducta.

¡Debemos reflexionar!

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