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MATRIMONIO INFANTIL: MÁS QUE UN PROBLEMA SOCIAL

Actualmente 30 países de África, Oriente Medio y Asia, practican el matrimonio infantil. Este es un problema que va más allá de lo social y se traduce en lo económico. 15 millones de niñas son dadas en casamiento por año, muchas veces por pobreza, inseguridad, conflictos armados o emergencias humanitarias.

Una vida, un sueño y una libertad destruidos por el simple de hecho de “cumplir con las tradiciones” para no recibir persecución o ser expulsados de una comunidad.

Las tasas de matrimonio infantil más altas se encuentran en África, Níger a la cabeza con 76%. La India ocupa el segundo lugar con una tasa del 47% y Nicaragua alcanza el 41%

Esta problemática ha obligado a las Naciones Unidas a declarar el 11 de octubre como el Día Internacional de la Niña con el objetivo de reconocer sus derechos.

En algunos casos, la mayoría de las niñas de 15 años son sometidas a mutilaciones de sus genitales con la finalidad de preservar su virginidad para que ellas lleguen al matrimonio 100% puras.

La mal llamada “fantasía del matrimonio” le pinta un paraíso donde el hombre es el único proveedor de las necesidades del hogar y se priva a las niñas de disfrutar su etapa de la infancia y posteriormente su adolescencia.

En el matrimonio, las niñas no se encuentran en capacidad ni física ni psicológicamente para ser madres o administrar un hogar, lo que genera consecuencias devastadoras para su salud y la del bebé al momento de dar a luz. Muchas de ellas terminan muriendo por los riesgos que implica el embarazo precoz.

La maternidad a temprana edad tiene consecuencias económicas que repercuten en el desarrollo de un país. En Kenia si todas las adolescentes terminaran sus estudios secundarios, y si las más de 200.000 madres adolescentes hubieran tenido un empleo en lugar de haberse de concebir hijos, podrían haber sumado a la economía de esta nación 3.400 millones de dólares, lo que equivale al valor total de sector de la construcción en Ke­nia.

En este sentido, es necesario que la educación sea transmitida desde todos los rincones del entorno familiar, ésta es el arma de defensa que puede tener cualquier ser humano. A través del saber se podría erradicar de raíz este problema que se ha extendido en países en pleno desarrollo.

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