Consejo

ELEFANTES PELIGROSOS

Cristo no sólo enseñó la no violencia, sino que la vivió y murió practicándola. Frente al falso testimonio, a la humillación y a los azotes que sufrió en su juicio inmerecido ante Pilato y Herodes, Jesús no se defendió en absoluto, ni siquiera de palabra. Y cuando lo clavaron a una cruz, puso en práctica su enseñanza de amar a quienes lo maltrataban y de orar por ellos diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Fue así como dejó sentado el principio de que lo único que lo vence todo, incluso la violencia, es el amor.

EL EVANGELIO, EL ORO Y LA GLORIA

El siglo dieciséis fue testigo de la cruel explotación del continente americano a manos de los conquistadores europeos. Pero, ese daño no le llega ni a los tobillos al infinito beneficio que les trajo en menos de la mitad de ese tiempo el conquistador Jesucristo. A diferencia de los conquistadores, Cristo no los mató ni los hizo esclavos con el fin de venderlos a cualquier precio, sino que murió en su lugar, pagando así el precio supremo por su redención con el fin de liberarlos de la esclavitud del pecado.

EL MACHISMO Y EL SIDA

Cristo puede entrar en nuestra vida desalojando de nosotros todo lo que es malo. Él puede regenerarnos y limpiarnos, y hacer de nosotros —de cada hombre y cada mujer que se entrega a Él— una nueva persona. Cristo, y no la religión, es lo que salva. Dejémoslo entrar en nuestro corazón. Ese será el principio de una nueva vida. Dejemos que entre hoy mismo. Él quiere ser el Señor de nuestra vida.